Querido amigo;
Hace tiempo quise escribirte estas líneas y subir esta entrevista que me concediste, pero quedaron guardadas en el baúl de los recuerdos, como otras tantas que esperan su momento para salir a la luz pública.
Hoy, sin pretensiones de que se impriman en ningún medio, te las entrego tal cual nacieron: sinceras y sin filtros, porque, así como yo muchos te admiramos por tu oficio, por esa capacidad de mirar donde otros no miran y de escuchar lo que muchos prefieren callar.
Pero, sobre todo, porque, además, sabemos que tu trabajo es una cuerda floja: entre la verdad y la conveniencia, entre la ética y la presión, entre lo que quieres decir e inclusive lo que no te dejan decir muchos menos publicar.
Sin omitir que tu voz también tiene peso, que tus palabras pueden abrir ventanas de funcionarios que merecen ser reconocidos por su don de gentes y sensibilidad o cerrar puertas a quienes ostentando el poder son ajenos a al sentir de sus representados.
Sé que no siempre es fácil mantener la imparcialidad cuando el mundo parece exigir bandos, sin embargo, quienes te conocemos estamos convencidos de que seguirás buscando la verdad, aunque a veces a uno que otro político encumbrado les duela e incomode.
Esta entrevista es inédita, no salió en ningún medio, hasta hoy, pero quizá no hacía falta. Tal vez su lugar siempre fue este: llegar directamente a ti, sin titulares ni ediciones, solo por la amistad que nos une y el respeto que te tengo, pero más que otra cosa, motivado por tus enseñanzas y ejemplar vocación hacia el periodismo. Pero que conste, no es… Nada personal
Con el
afecto y gratitud de siempre
Jorge Escobedo, aprendiz de periodista