En el marco del Ciclo de conferencias México a través de la
cultura, estuvieron presentes Rogelio Arenas Monreal, Glery Cruz Coutiño y
Víctor Soto Ferrel, tres colegas, amigos y expertos en su obra, quienes
acompañaron a Elva Macías compañera de vida de Zepeda.
TIJUANA, B.C.- Una merecida e intensa evocación y
remembranza fue dedicada al escritor, narrador y poeta chiapaneco Eraclio
Zepeda Ramos, la tarde del pasado jueves, en el Vestíbulo de El Cubo, en el
Centro Cultural Tijuana, ante amigos, familiares y seguidores de la obra de
este célebre literato.
En el marco del Ciclo de conferencias México a través de la
cultura, estuvieron presentes Rogelio Arenas Monreal, Glery Cruz Coutiño y
Víctor Soto Ferrel, tres colegas, amigos y expertos en su obra, quienes
acompañaron a Elva Macías compañera de vida de Zepeda.
Eraclio Zepeda nació en 1937 en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas,
ciudad donde falleció en 2015 luego de haber vivido en Cuba, China, la extinta
Unión Soviética y varios estados de la república mexicana, siendo diputado por
su estado natal e incluso candidato a la Presidencia de México en alguna
ocasión.
El director del CECUT, Pedro Ochoa Palacio trajo a la
memoria la amistad que le unió con el autor de Las grandes lluvias, y rememoró
los vínculos de quehacer cultural que compartieron, enfatizando los fuertes
lazos que estableció con Tijuana, el impacto que tuvo Zepeda en las letras
nacionales y “ayudó a muchos escritores de la región”, destacó Ochoa.
En su turno Arenas Monreal, doctor en Literatura Hispánica
dijo “permíteme querido Laco hablarte como mi amigo y desde el corazón en un
tono más personal e íntimo; haciendo un poco de memoria trato de recordar
cuándo fue la primera vez que oí hablar de ti, tal vez cuando comencé mis
estudios en la UNAM”.
“En mi imaginario de estudiante aparecías como un modelo a
seguir, me identifiqué con tu espíritu aventurero y sin que tú lo supieras te
convertiste desde entonces en mi maestro, el acontecimiento más revelador en
aquellos años fue hacer la primera lectura de Benzulul”, acotó Arenas Monreal.
Un atisbo de su infancia lo presentó Glery Cruz Coutiño,
maestra en Arts of Education en la Universidad de Alabama en Birmingham USA.
“En tercero de primaria veíamos a Laco pegando diferentes artículos en el
periódico mural de la escuela, crecimos juntos, él bailaba, era la estrella de
sexto año, lo hacía muy bien, el reencuentro con él llegó con su primer cuento,
ahí empecé a conocerlo como escritor”.
“Les habló a todos de la historia de Chiapas que él
recuperó en cada una de sus obras, Laco
fue, es y ha sido para mí una de las personas que he admirado siempre, hizo
del estado de Chiapas la razón de su
vida, rescató todo su aspecto histórico y cultural”, concluyó Cruz Coutiño.
Por su parte, Víctor Soto Ferrel, fundador de la Facultad
de Humanidades y Ciencias Sociales de la UABC, se concentró en la obra de
Zepeda. “Narrador innato no teme cruzar los lindes de la magia, su estilo, su
juventud poseedora ya de un oficio que no titubea, su obra que entre muchos
otros méritos es un documento importante, un estudio antropológico y
sociológico.
“Zepeda seduce a sus lectores con la voz de sus personajes,
cambia las reglas del juego sobre todo al hablar del cine y el indigenismo,
como actor ganó mis simpatías con su interpretación de Pancho Villa en Reed
México insurgente, de Paul Leduc; la forma de hablar del personaje me conmovió,
igual que en Campanas Rojas y en De tripas corazón junto a Gael García”, aclaró
Soto Ferrel.
Un sensible recuerdo del funeral de Zepeda resaltó en las
palabras de la poeta Elva Macías, su compañera, al recordar el último adiós a
su esposo: “Más de ciento cuarenta arreglos florales y coronas de familias,
grupos de lectura, escuelas, instituciones y empresas fueron enlistados, por la
tarde ese mismo día, los tres poderes del estado de Chiapas le rindieron un
homenaje en el Palacio del Congreso”.
“Custodiaban su féretro un cura y un general, quien me dio
sus condolencias personales e institucionales y el padre Copoya acudió
espontáneamente a oficiar una misa, Eraclio no era creyente pero acepté
conmovida ese y otros gestos religiosos, al día siguiente encabezamos la
despedida hacia el panteón las mujeres que más lo amamos su hija Masha, su
nieta Milena y yo, tratando de desandar los 52 años que vivimos juntos”,
recordó.
La voz de Eraclio
Zepeda volvió a escucharse en el CECUT recinto que en innumerables ocasiones
sirvió para presentar sus libros, sus películas y conversar con los
tijuanenses, mientras se mostraban fotos de su vida como luchador social,
político, poeta, padre esposo, y amigo, Laco leía uno de sus mejores cuentos El
enfrascador de almas, para clausurar el merecido homenaje.