Querida Karlita;
Hoy
es un día de fiesta y de un orgullo muy grande para toda la familia.
Cuando
me enteré de que te has graduado con una titulación honorífica en enfermería,
el corazón se me llenó de una alegría imposible de explicar. el corazón se me
llena de una alegría muy difícil de explicar con palabras. Verte recibir tu
titulación honorífica como enfermera es un orgullo inmenso, no solo para tus
papás y tus abuelos, sino para toda nuestra familia.
Sé
muy bien todo lo que hay detrás de este logro: las desveladas, los nervios, el
esfuerzo incansable, las dudas de algunos momentos y, sobre todo, esa vocación
tan hermosa que tienes por cuidar de los demás.
Que
la vida reconozca tu excelencia académica con esta titulación honorífica no me
sorprende en absoluto; eres una joven brillante, sensible, valiente y con un
gran corazón.
Obtener
este reconocimiento no es casualidad; es el reflejo de tu disciplina, tu
inteligencia, pero, sobre todo, de la gran calidad humana que llevas dentro.
La
enfermería no es una profesión cualquiera; requiere una vocación enorme,
empatía, paciencia y un corazón dispuesto a cuidar al prójimo en sus momentos
más vulnerables.
Elegir
la enfermería es elegir una de las profesiones más nobles que existen.
Significa poner el alma en cada turno, regalar una sonrisa cuando más se
necesita y ser la calma en medio de la tormenta para alguien más. No tengo la
menor duda de que vas a dejar una huella imborrable en cada paciente que pase
por tus manos.
Te
quiero con toda el alma, te admiro profundamente y celebro este triunfo contigo
y con tu abuelita, mi hermana Yoly, quien estoy seguro te mira orgullosa y te
abraza con el alma, con esa sonrisa gigante de satisfacción que tu conoces.
¡Muchas
felicidades, enfermera! Que este sea apenas el inicio de un camino lleno de
bendiciones, amor y muchísimos éxitos.
Te abraza tu tío Jorge con todo el cariño del mundo y el corazón lleno de orgullo




























